Arrancar el año, arrancar con el pie derecho en la formación de nuestro patrimonio

Muchas veces escuchamos la palabra “patrimonio” y tendemos a pensar en algo histórico, algo importante, significativo y grande. Lo escuchamos en expresiones, descripciones y frases como “patrimonio de nuestra historia”, “patrimonio de México”, “patrimonio de la humanidad”, entre otros. Pero no necesitamos ser una nación, alguna institución grande o cualquier tipo de conjunto en especial, para poder tener un patrimonio. Como individuos, podemos llegar a formar nuestro propio patrimonio, como parte de la construcción y consolidación de nuestro futuro deseado. Formar un patrimonio personal significa trabajar y hacer pequeños sacrificios que nos ayuden a formar un bienestar económico que sea cada vez mayor en el futuro. Este patrimonio funciona como un legado, una herencia que dura hasta después de que dejemos este mundo para nuestros sucesores. Y existen muchas razones por las que debemos de considerar en gran medida comenzar o, en caso de haberlo hecho ya, continuar construyendo nuestro patrimonio personal.

Recién comenzado un año nuevo, nos encontramos en una etapa distinguida por su carácter motivacional. Es el momento culturalmente ideal para la toma de decisiones importantes y significativas que representen cambios positivos en nuestras vidas. Viéndolo de manera objetiva, podemos ser conscientes de que el cambio entre el 31 de diciembre y el 1ro de enero, se trata únicamente del cambio entre un día y otro; cosa que sucede todo el tiempo. Sin embargo estas fechas no son vistas de esta manera, cargan consigo una metáfora y un significado universalmente especial para los seres humanos: el fin de un ciclo y el comienzo de otro. Esta idea de “comenzar de nuevo” tiene un impacto notoriamente positivo en la motivación de las personas para crear promesas, planes, acciones o sueños que son importantes. Los famosos “propósitos de año nuevo” que se prometen a la víspera del 1ro de enero, son precisamente el resultado de este fenómeno motivacional; y, siendo algo tan positivo para todos nosotros, ¿por qué no habríamos de sacarle provecho?

Estando conscientes de que se trata de un fenómeno cultural que afecta e impacta nuestra conducta y actitud, podemos tomar la decisión consciente de aprovechar al máximo lo que esta fecha nos puede brindar. Una excelente opción, es usar el comienzo de un año nuevo como pretexto ideal para prometernos tomar pequeños sacrificios y con ello mejorar continua y significativamente nuestra calidad de vida. Pensando de manera ambiciosa, siempre con el objetivo de construir nuestro futuro lo mejor posible y previendo cualquier infortunio, preocuparnos por nuestro patrimonio personal resulta muy conveniente. Existen varias maneras de empezar a construirlo, y dentro de ellas destaca la más común de todas las presentes en las listas de propósitos de año nuevo: ahorrar. Ahorrar es una excelente opción para cuidar nuestro dinero y guardarlo para un largo, mediano o corto plazo. Es una acción que indudablemente debe ser considerada por todos nosotros, estemos o no construyendo algún patrimonio. Sin embargo, hay otra forma de hacer crecer nuestro capital económico de manera más eficiente y acertada que el ahorro: la inversión.

Invertir en algo, ya sea un negocio nuevo, en la bolsa, alguna propiedad, o cualquier tipo de concepto que sea redituable y difícilmente perecedero en su valor; conlleva la gran ventaja de obtener un patrimonio con un valor mucho mayor al que se le fue invertido. Esto significa, que si modificamos nuestras listas de propósitos sustituyendo el “ahorrar” por la palabra “invertir”, nuestras posibilidades de construir exitosamente un patrimonio más valioso, son mucho más grandes. Y, ¿cuáles son los beneficios de construir un gran patrimonio? Precisamente se relaciona con el cuidado de nuestro futuro y el de nuestros seres queridos, si así lo deseamos. Ese patrimonio nos puede servir en un futuro para poder obtener bienes con los que posiblemente no contamos ahora. Tal vez podría funcionar como un fondo económico para realizar viajes que pensamos que eran imposibles, o cumplir metas y sueños que nuestra capacidad económica no nos había permitido años atrás.

Dependiendo de la historia de vida de cada uno de nosotros, posiblemente llegará una edad en la vejez, en la que probablemente nuestros bienes materiales y económicos no signifiquen lo mismo para nosotros como lo hacen en este momento de nuestras vidas. Durante esta época, la alegría y plenitud de nuestros seres queridos, nuestra familia, nuestros hijos y nietos, significará para nosotros mucho más que cualquier otra cosa. Y será entonces cuando el patrimonio que hayamos logrado construir a lo largo de nuestra vida, sirva como una herencia o un bien que podremos heredar a aquellos que así lo deseemos. El valor de un patrimonio personal puede ir mucho más lejos que su valor monetario; sin duda, invertir en ello es algo que deberíamos buscar no sólo a inicios de año, sino todo el tiempo. Recordando que esta festividad tiene efectos tan positivos en nosotros por el discurso motivacional que maneja, ¿por qué no intentar renovarnos y realizar cambios positivos durante todo el año? Hagamos de este 2018, no sólo un año nuevo, sino una gran oportunidad de crecer y superarnos física, mental, emocional y económicamente todos los días.

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